Hola, soy Vaco, creo que soy Pitbull, aunque la verdad no lo sé muy bien (al menos doy el gatazo). Me rescataron de la calle y tengo aproximadamente 3 años de edad.

Hace cuatro años mi mamá humana decidió tener un perro. Ante tal decisión, personas cercanas le comentaron que no debía hacerlo. No les hizo caso y comenzó a buscar una mascota. Siempre prestaba atención en comunidades de perros rescatados en redes sociales, era tal su deseo de tener un perro que empezó a convertirse en una obsesión para ella.

En junio del 2016, justo un año después, un ángel, o como le dicen los humanos una rescatista, compartió la historia de un pitbull (que no es pitbull) abandonado en la calle. Ese era yo.

En cuanto leyó la publicación, no se pudo resistir a mis lindas manchas, y corrió a buscar a Edna Barrientos para que me ofreciera un hogar temporal.

Horas después le contestó a mi mamá humana que ya tenían hogares potenciales pero que me iba a considerar para otros perros que ella rescataba, pues a eso se dedicaba. Ella en su cabeza decía: “yo no quiero a otro perro, quiero a ese galán y simpático ser de 4 patas”.

3 semanas después llegué a su casa. Obvio, era mi última oportunidad ya que me habían rechazado de al menos tres hogares temporales porque, la verdad, soy muy travieso.

Recuerdo que cuando llegué a la casa, la rescatista empezó hablar mal de mí y le advirtió de todas las travesuras que hacía. En ese memento “me cayó el veinte” y reconocí que era la última oportunidad de tener un hogar estable por lo que tenía que comportarme bien… por lo menos un par de horas.

El primer día que estuve en la casa rompí algo, pero la verdad no recuerdo qué fue; en vez de que se enojara mi dueña se empezó a reír y ahí supe que podíamos ser grandes amigos.

Siempre quise probar una plancha

Este 2019 cumpliré 3 años de platos y vasos rotos, chanclas destrozadas, me comí un sillón entero, mordí las sillas del comedor y ni hablemos de la alfombra y cortinas deshilachadas, y muchas otras cosas más totalmente echadas a la basura. Es que, debo confesar que su sabor es irresistible.

Mi dueña siempre dice: “Definitivamente no me arrepiento de un año de convivencia y aventurillas que hemos tenido Vaco y yo”

Mi dueña me dice: “Vaquito, vaqueiro, Vacou: fuiste lo mejor que me pudo haber sucedido y yo le respondo con un gran lengüetazo”.